Siempre que llega el verano digo lo mismo: este año voy a ir a playa todos los días. Seguro que tú también lo has dicho muchas veces y, como yo, jamás lo has cumplido. Al final, entre el trabajo, el cansancio del calor, no tener ganas, no tener dinero… lo vamos dejando, dejando y dejando y solo vamos una o dos veces en todo el verano.
Yo estoy harto, porque la playa es una cosa que me encanta, sobre todo cuando voy con mi mujer para jugar con ella y olvidarnos de los problemas del día, y al final nunca lo cumplo, siempre me quedo en el sofá quejándome del calor en vez de ir a la playa a refrescarme un poco. ¿No te dan ganas de cogerte a ti mismo y de preguntarte qué demonios estás haciendo? ¿Por qué preferimos quedarnos en el sofá, sufriendo por el calor, abanicándonos con la mano, intentando refrescarnos con el aire acondicionado o con helados, en vez de ponernos un bañador y largarnos a la playa todo el día?
Pues yo no sé por qué, pero de verdad… es hora de que eso cambie.
¿Y si cambiamos de playa?
Muchas veces el problema no es la playa en sí, el problema es que siempre voy a la misma: mismo sitio, mismo chiringuito, mismo paseo, misma arena… Y después de varios veranos así, ya es una rutina para mí, que es lo que más odio en el mundo. Necesito cosas nuevas, y puede que por eso siempre me ponga excusas para ir a la playa: porque siempre voy a la misma.
Cuando cambio de playa cambia todo: el camino cambia, el paisaje cambia, el olor del mar parece diferente… No todas son distintas, no sé si sabes que hay playas de arena fina, playas con piedras, calas escondidas, playas enormes donde puedes caminar durante horas… También existen playas fluviales en ríos donde el agua está fría y el ambiente es completamente distinto. Solo con cambiar de sitio el plan vuelve a tener emoción. Aquí, por ejemplo, en Ourense, que es donde vivo ahora con mi mujer, hay playas fluviales preciosas y muy frías.
Una empresa que trabaja justo frente a la Playa del Postiguet, Grupo Deshoras,que se dedica a la consigna de maletas en Alicante centro me comentó en una conversación que muchas personas dejan de ir a la playa porque lo que más le molesta es cargar con todo, con las maletas, la nevera, las sombrillas… pero me explicaron que las playas ahora son más actualizadas y tienen incluso servicio de taquilla y sombrillas, para que no cargues o por si se te olvida. Así, puede sir y no tener que cargar con nada.
La playa como forma de resetear el día
Hay días en los que todo se me junta en la cabeza: trabajo, ruido, móvil, cansancio, y esa sensación rara de hacer cosas sin parar me frustra mucho, porque yo necesito sentirme libre y no estar todo el día haciendo y haciendo. La playa me ayuda a reorganizar mi mente, porque solo tengo que salir, llegar a la arena y dejar que el mar haga su parte en mi alma.
Cuando llego, todo a mi alrededor parece callarse y bajar el volúmen: el ruido baja, el aire parece más ligero y el cuerpo se tranuiliza. Con solo estar estar allí, ya cambia el ritmo del día, te lo garantizo. Me quito las zapatillas, piso la arena y siento que el cuerpo empieza a relajarse.
Otra cosa que hago es probar cosas diferentes: a veces me baño, otras veces me siento, otras camino sin rumbo… y mi mujer me ve haciendo estas cosas y entiende que necesito estar solo para desconectar, y lo respeta: ella se queda leyendo en la toalla y yo me voy a hablar conmigo mismo. No tengo que rendirle cuentas a nadie, no tengo que hacer nada productivo, no tengo que cumplir expectativas… solo estoy ahí.
Luego, en casa, ya me siento diferente, más tranquilo, más sereno, como si mi cabeza se hubiese callado de una vez, porque le cuesta muchísimo callarse. Y agradezco mucho cuando, haciendo cosas diferentes, por sin lo consigo. De verdad, no sé por qué me cuesta tanto ir a la playa, cuando solo el hecho de ir es como medicina para mi mente.
Puedes llevarte un libro y leer allí
Cuando voy a la playa con mi mujer, ocurre algo que siempre me hace gracia. Yo entro al agua, salgo, vuelvo a entrar, camino un rato… y ella se instala bajo la sombrilla con un libro. Pueden pasar dos horas y sigue allí, tranquila, leyendo como si estuviera en otro mundo. Y cada vez que levanto la cabeza desde el agua la veo pasando páginas con una sonrisa.
Leer bajo la sombra con la brisa del mar es una experiencia fantástica. El sonido de las olas crea un ambiente relajante, el aire mueve las páginas y el tiempo pasa muy despacio, aunque en el libro hayan pasado horas, meses o incluso años. A veces yo también llevo un cuaderno y escribo ideas o dibujo cualquier tontería que se me ocurra.
De esta forma, no tengo que ir a la playa a pensar en bañarme, que es algo que me da mucha pereza: puedo ir para leer, para escribir, para dibujar, para perderme en mi mente observando el mar… Quiero decirte con esto que hay que quitarse de la mente la unión de playa = bañarse, se pueden hacer muchas cosas allí.
También puedes alquilarte una lancha con los colegas
Ir a la playa parece que es hacer siempre lo mismo, ¿no crees? Llegar a la playa, extender la toalla, bañarse un rato, secarse, repetir… y eso, durante un par de días, está genial, pero después de varias semanas ya no lo es tanto, sobre todo para las personas que odiamos la rutina.
Por eso me gusta pensar en la playa como un punto de partida para hacer cosas distintas. Un día normal puede ser diferente si organizo algo diferente con los amigos. Por ejemplo, alquilar una pequeña lancha durante unas horas. Sé que es algo un poco caro, pero piensa que muchas veces entre varios amigos el precio es bastante más asequible.
Ese tipo de planes combate directamente la pereza y la rutina. Yo, por ejemplo, cuando sé que allí, además de bañarnos, vamos a hacer otras cosas divertidas, cambio el chip y ya me da más ilusión ir con los amigos o con mi mujer, porque lo siento diferente y divertido.
Pasar allí una tarde y ver cómo cae el sol
Hay un momento del día en la playa que siempre me parece especial: cuando el sol empieza a bajar y el calor fuerte desaparece, cuando la arena está tibia, el aire es más agradable y el cielo empieza a cambiar de color, con esos tonos rojizos y violetas que nos gustan tanto a mi mujer y a mí. De hecho, los atardeceres en la playa dan los colores más bonitos al cielo.
A veces voy con mi mujer simplemente para pasar la tarde allí: llevamos algo sencillo de comer, muchas veces un bocata de tortilla, y nos sentamos mirando al mar. La gente empieza a irse y empieza a haber más silencio, pero eso nos gusta más, porque nos sentimos solos en una explanada de mar muy grande. Es muy apacible y romántico…
Ver el sol acercándose al horizonte tiene algo muy bonito. El cielo pasa por colores anaranjados, rosados y dorados. Las olas se mueven lentamente y el aire es más fresco. En ese momento, metemos los pies en el agua y caminamos por la orilla.
A veces no tenemos demasiado tiempo para pasarlo con nuestras esposas o maridos, por culpa del día a día tan ajetreado. Que si los colegas, que si el trabajo, que si necesito estar solo… Pues convierte el día de playa en un día romántico, y encima así pasas tiempo con ella haciendo cosas bonitas y divertidas. Quizás hay cosas más románticas… pero cuando lo pruebes, ya me dirás.
Pasear a la orilla del mar
Cuando camino por la playa suelo hablar mucho con mi mujer. Comentamos cómo nos ha ido el día, recordamos cosas divertidas o solo observamos a la gente que pasa a nuestro lado o que está sentada en la orilla, porque siempre hay familias jugando, niños corriendo, perros persiguiendo pelotas o personas pescando cerca de las rocas.
A veces incluso terminamos jugando nosotros también con algún perro que se nos acerca, o con algún nene que nos tira alguna pelota. Y no solo eso… aprovecho para jugar con mi mujer: corremos un poco por la arena, nos perseguimos como dos críos o nos empujamos hacia el agua. Son momentos muy bonitos que parecen quizás un poco simple, petro te aseguro que transformará tu día de playa en algo inolvidable.
De hecho, después de una caminata larga vuelvo a casa con una sensación de calma que resulta difícil de encontrar en otros lugares.
Otra opción es hacer deportes de agua
Ah, bueno, y piensa que hay personas que, como yo, son más aventureras y loquillas, y lo que no les gusta del mar es que es tranquilo y aburrido. Pero, ¿por qué conformarte con eso cuando se pueden hacer tantas cosas en el mar?
Los deportes acuáticos, por ejemplo, te dan ese toque de diversión que pueden hacer el día de playa en algo inolvidable: el surf, el paddle surf, el kayak o incluso el snorkel, todos los deportes de agua son increíbles una vez los pruebas, así que en vez de mirar el agua desde la orilla, pasa a interactuar con ella.
Siempre me ha llamado la atención el surf, y siempre he querido probarlo. Ver a la gente deslizarse sobre las olas parece muy divertido, aunque aprender algo así requiere práctica, paciencia y varias caídas al agua. Pero justo ahí está la gracia, porque cada intento trae una pequeña mejora y el proceso resulta emocionante.
Cuando haces otro tipo de actividades, ya no tienes la playa como monotonía, sino como un luagr lleno de posibilidades.
Pero no te olvides de protegerte del sol
Pasar más tiempo en la playa también implica cuidar el cuerpo, porque el sol puede ser maravilloso cuando se disfruta con cabeza, pero también puede causar muchos problemas si nos descuido. Es bueno… pero solo si lo tomas con precaución.
El sol puede ser bastante fuerte para la piel si me paso horas sin protegerme. Al principio no se nota, pero luego pueden aparecer quemaduras y molestias, y si esto se repite muchas veces con los años, puede acabar causando problemas más serios.
Por eso me acostumbro a usar crema solar antes de ir a la playa y vuelvo a aplicarla después de bañarme, porque el agua la va quitando sin que me dé cuenta. También intento evitar estar demasiado tiempo bajo el sol en las horas centrales del día, que es cuando más quema.
Otras cosas que puedes hacer es llevar una gorra o un sombrero, gafas de sol y beber agua con frecuencia, para no deshidratarte.
Deja de ponerte excusas y ve al mar
La mayoría de veces no es que no nos apetezca ir a la playa, es que se nos cuela la costumbre de quedarnos quietos y la pereza nos vence si le damos tregua. Es por eso que el sofá gana terreno fácil y el mar se queda como algo que se deja para después.
Pero el aire fresco, el agua fría, los paseos románticos por la orilla, esos atardeceres preciosos con tu mujer a tu lado, las risas con amigos o con tu pareja y ese rato de desconexión donde el móvil deja de tener tanta importancia son cosas sencillas que al final recordarás con cariño toda tu vida cuando te hagas mayor.
El verano no dura siempre y los días de calor tampoco se repiten idénticos, los unos y los otros. Cada uno es una oportunidad para mojar los pies, desconectar del día a día y sentir el mar cerca. Todo lo que tiene por ofrecer es único, y cada día puede ser diferente, si te lo propones.
Deja de ponerte excusas, córtalas de raíz cuando aparezcan: levántate, coge la toalla, coge la mano de tu mujer y vete a la playa, no te lo pienses. Y, una vez allí, ya verás que pensarás: Tendría que haber venido antes…




