Mi experiencia con la blefaroplastia: la mejor técnica para rejuvenecer

Me llamo Carla y tengo que reconocer que nunca pensé que algo tan pequeño como los párpados iban a influir tanto en mi vida. No me refiero a verme mayor cuando me miro en el espejo, me refiero también a la sensación de cansancio. Durante años me dijeron: “tienes cara de sueño” o “pareces preocupada”. Yo la verdad es que siempre buscaba otras situaciones, hasta que poco a poco me fui dando cuenta lo que me estaba pasando.

Con el tiempo, como nos suele pasar a todos, mis párpados superiores empezaron a caerse y las bolsas bajo los ojos se hicieron más evidentes. Y ojo porque el maquillarme no me servía para nada. Bueno, tengo que reconocer que todo lo contrario, que me veía hasta peor.

Me veía apagada, triste, como si siempre llevara una mochila encima. Fue entonces cuando empecé a informarme sobre la blefaroplastia. No buscaba un cambio radical ni “otra cara”, solo volver a verme como me sentía por dentro.

En la primera consulta en la clínica de Párpados entendí muchas cosas. Me explicaron que lo que me pasaba era completamente normal, o eso es lo que me dijeron. Está demostrado que con el paso de los años, el maldito paso de los años, la piel pierde elasticidad, los músculos se debilitan y la grasa del contorno del ojo se desplaza hacia delante. Vamos, que nos estamos haciendo viejos.

Todo eso hace que los ojos se vean más pequeños y cansados, y es que la verdad es que en la mirada siempre se ve el paso del tiempo, y no siempre para todos es igual. En mi caso, además, el exceso de piel ya empezaba a molestarme al final del día. Y otro consejo que os doy, es que cuando veáis que tenéis la vista cansada, es que os estáis haciendo ya mayores.

Así es

Lo que más me tranquilizó fue entender lo que era la blefaroplastia. La doctora Cecilia Rodríguez me explico que no es una cirugía agresiva ni busca resultados artificiales. Para nada, es rejuvenecer la mirada de forma natural, sin cicatrices visibles y respetando la expresión de cada persona. Eso era justo lo que yo quería, y la verdad es que se consigue.

Mi cirugía fue personalizada. En los párpados superiores me eliminaron el exceso de piel mediante una microincisión en el pliegue natural del párpado, algo que hace que la cicatriz quede prácticamente invisible. En los inferiores, el objetivo era eliminar las bolsas y mejorar la tensión del párpado. En mi caso, pudieron hacerlo con una técnica interna, así que no hubo marcas externas. Saber que todo estaba adaptado a mis características me dio mucha confianza.

El día de la intervención estaba nerviosa, no lo voy a negar. Pero fue mucho más sencillo de lo que imaginaba. Es una cirugía mínimamente invasiva y el equipo fue cercano, claro y muy profesional. En todo momento me sentí acompañada. Salí de allí con algo de inflamación, claro, pero sin dolor fuerte y con la tranquilidad de saber que todo había ido bien.

La recuperación fue más rápida de lo que esperaba. Los primeros días tuve algo de hinchazón y pequeños morados, nada exagerado. Seguí las indicaciones al pie de la letra: reposo, frío local y paciencia. Cada día que pasaba me veía un poco mejor. A las dos semanas, el cambio ya era evidente, aunque todavía quedaba que el resultado se asentara del todo.

Y entonces ocurrió algo curioso: no solo me veía diferente, me sentía diferente. Mi mirada volvió a ser abierta, luminosa. Ya no parecía cansada todo el tiempo. La gente empezó a decirme que me veía “muy bien”, “más descansada”, pero sin notar exactamente qué había cambiado. Para mí, eso fue la mejor señal de que el resultado era natural.

Más allá de lo estético, la blefaroplastia cambió mi vida en pequeños detalles cotidianos. Volví a maquillarme con ganas. Me gustaba mirarme al espejo. Dejé de evitar fotos de cerca. Incluso noté un cambio en mi actitud: estaba más segura, más cómoda en mi propia piel. Parece exagerado, pero cuando te sientes bien con tu imagen, todo fluye mejor.

Hoy, pasado un tiempo desde que me hice esa cirugía, puedo decir que fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, y os lo digo con la mano en el corazón. Me devolvió una versión de mí que había quedado escondida detrás de unos párpados caídos y unas bolsas marcadas.

Ahora mismo si alguien me pregunta si recomendaría la blefaroplastia, mi respuesta es sí, pero un sí tajante. Eso sí, siempre que se haga en manos expertas y con un enfoque personalizado, como hice yo en mi día.

En mi caso, no fue solo una cirugía estética. Fue un cambio de etapa, una forma de cuidarme y de reconciliarme con el espejo. Y eso, para mí, no tiene precio.

 

De viaje por Francia

Acercarse al país vecino y adentrarse en su cultura puede ser una experiencia inolvidable. Campamentos

La náutica en la actualidad

La náutica vive en la actualidad uno de los momentos más complejos y fascinantes de su historia. Lejos de ser una actividad anclada únicamente al ocio elitista o a la tradición marinera, el

El interiorismo en el Mediterráneo

El interiorismo mediterráneo no es una moda pasajera ni una simple tendencia decorativa. Es la expresión visual y funcional de una forma de vivir que hunde sus raíces en siglos de historia, clima,

Scroll al inicio