La reducción del plástico en la sociedad y, especialmente, en el campo del turismo sostenible, es cada vez más demandada. Aunque la sociedad está muy interesada en que crezca un turismo de mayor sostenibilidad, lo cierto es que los datos reales nos dejan con datos que evidencian que los océanos actualmente están invadidos literalmente por el plástico.
Nuevos vientos corren en la sociedad
Como decimos, ahora sí que hay intenciones de paliar este tipo de problema. Para ello, se adoptan una serie de costumbres como el reciclaje o la reducción de plásticos en el día a día, algo que es un paso realmente importante. Algo que merece la pena preguntarse es si se hace lo mismo cuando se viaja. Lo ideal es que se mantengan este tipo de propósitos medioambientales cuando se está de viaje, en especial cuando se sabe que el turismo es de los responsables más importantes que hay a la hora de generar residuos. Pese a que suene algo utópico, la apuesta por el turismo sostenible, como nos dicen los expertos de Bioplásticos Alhambra, es una magnífica fórmula de ayuda a que nuestro planeta no se vea aún más perjudicado de lo que ya está.
La peligrosidad del usar y tirar
En base a las cifras con las que cuenta National Geographic, son más de ocho millones las toneladas de plástico que se vierten al mar cada año. Lo más seguro es que te preguntes cómo se llega a todo ello. Si quieres entenderlo, lo mejor es que eches un vistazo a lo que tienes alrededor. Hablamos de las clásicas bolsas, botellas de refrescos, envases de comida, así como de las clásicas pajitas o bastoncitos. Al final, vivimos rodeados de objetos cotidianos que están fabricados en dicho material.
Cuando viajamos, hasta la situación se complica aún más, puesto que nos vamos a ver envueltos en la clásica vorágine de artículos que se les denomina de “usar y tirar”. Nos encontramos de vacaciones, relajados e incluso parece que seamos menos conscientes de los problemas que se producen.
Piensa en que estés preparando tu viaje a un lugar paradisíaco, que llegues y que al final no sea tan ideal como pensabas. Esto que es tan triste ya ocurre en bastantes sitios de nuestro planeta. Son cada vez más las imágenes reales que al final se corresponden menos con los rincones de postal.
Turismo sostenible en Cabo Verde como ejemplo de buenas prácticas
Este país africano es un lugar soñado que, como bastantes otros, tiene riesgo de finalizar sepultado por grandes toneladas de plástico. Al revés de lo que se suele pensar, una parte importante de dichos residuos no los generan los barcos; al final derivan de una serie de acciones tan simples como el que se tire una bolsa de plástico al suelo.
Lo malo del tema es que llegan al océano. El resultado de dicha basura es que, en base a una serie de cálculos, va a tardar en biodegradarse al menos 500 años. Pensemos que vivimos en un mundo en el que la vida útil de una bolsa realizada en plástico suele ser de un cuarto de hora, por lo que la situación en la que nos encontramos es de lo más preocupante.
Viajes responsables, la opción más recomendable
Hay países como Cabo Verde que se pusieron manos a la obra para la protección del archipiélago. Desde el año 2017, usar y comercializar bolsas realizadas en plástico han sido prohibidas, todo ello gracias a una normativa que auspició el mismo Gobierno. Dicha acción se hizo una vez comprobado que las plagas de las bolsas de plástico causaban un daño irreparable en las islas y también en las urbes. Pensemos que solo estos dos artículos llegan a ser el 11% de los residuos sólidos en el archipiélago, por lo que es realmente urgente tomar medidas al respecto.
Incluso podemos decir que las bolsas que ahora más se usan son biodegradables y pueden descomponerse en la naturaleza en como máximo dieciocho meses. Esto es solo el primer paso hacia que se produzca la erradicación por completo de las bolsas de plástico, a lo que le seguirán las botellas.
Con unas pequeñas acciones se puede hacer mucho en el turismo responsable
A la iniciativa que se produjo en este país, se le sumaron una serie de cadenas hoteleras en el archipiélago. Algunas de ellas eliminaron las pajitas de plástico, donde las sustituyeron por pajitas biodegradables. La diferencia es importante, una pajita biodegradable pasó a descomponerse en 40 días, la de plástico va a tardar del orden de unos 300 años. Todas estas acciones se suman a una campaña que hizo la administración caboverdiana para la concienciación del problema del plástico en los océanos.
Cada uno de nosotros puede hacer mucho, si lo pensamos y actuamos, ¿no?





